Medidas sin medidas.

Estándar


Con demasiada frecuencia, en los diarios y noticieros, vemos reportajes de “accidentes” de tránsito con consecuencias terribles, como el que ocurrió ayer en Nazca, con 17 muertos y decenas de heridos, o el que ocurrió hoy en Pueblo Libre, en donde 24 personas resultaron heridas. A veces, si el siniestro es muy grave, se implementan algunas medidas cuestionables. Las típicas son más operativos policiales, hacer campañas “cambiemos de actitud”, imponer multas más severas, suspender a las empresas de transporte involucradas, entre otras. En el mejor de los casos se intenta corregir el problema de una manera más proactiva, instalando semáforos, o mejorando la señalización.

Como ingeniero de tránsito y con la experiencia que tengo en seguridad vial, he indicado varias veces lo que, a mi juicio, son las causas ese alto índice de siniestralidad, y puedo ofrecer medidas para dar solución a esos problemas. Sin embargo, un obstáculo que encuentra cualquier profesional que quiera abordar ese problema, es la falta de data de tránsito y de información histórica sobre siniestros viales. Sin esa información es imposible hacer un buen trabajo.

Podemos aplicar una medida que supuestamente ayudará a reducir siniestros pero, si no teníamos de antemano data bien detallada sobre los incidentes que ocurren en el lugar y si después de aplicar la medida no continuamos recolectando esa data, no podemos saber si la medida redujo la tasa de siniestralidad, si la aumentó, o si su efecto fue nulo. Más aún, si creemos que hubo una variación en la tasa de siniestralidad, no sabemos a qué atribuir esa variación y no podemos determinar si la medida debe ser aplicada también en otros lugares, o evitada. Por eso, la seguridad vial en el Perú anda prácticamente a ciegas. Se aplican parches a diestra y siniestra sin fundamento y esperamos que, por casualidad, alguno de esos parches dé resultados positivos.

Lo que se necesita hacer es empezar (desde ayer) a recolectar data de tránsito (volúmenes vehiculares, clasificación de vehículos, variación estacional del tránsito, maniobras de giro, etc.) en todas las carreteras, avenidas y calles que sea posible y además mantener un registro de siniestros con información ordenada que indique fecha, hora, tipo de vehículos, coordenadas GPS del incidente, saldo de daños materiales y personales, etc. Esa data es indispensable para hacer una comparación correcta, identificar prioridades, y determinar qué medidas deben tomarse.

Tener y mantener una buena base de datos de tránsito y de siniestros viales es un tema de interés nacional que debería estar a cargo de una autoridad estatal. Personalmente no entiendo por qué no hay interés político en crear esa base de datos. La información no solo es indispensable para la seguridad vial, también podría servir como un arma política importante: Supongamos que una figura política, como podría serlo el alcalde de Lima, o el ministro de transportes, decida asumir el reto de reducir (digamos que en 2 años) la tasa de siniestralidad en una cierta localidad dentro de su jurisdicción y propone una serie de medidas (las que se le ocurran). Al cabo de 2 años, pareciera que las medidas tomadas fueron un éxito rotundo. Si existiera una base de datos de tránsito y de siniestros sería muy fácil demostrar ese resultado de una manera totalmente objetiva. Eso sería un triunfo indiscutible y un argumento a prueba de balas para cualquier cargo público al que esa figura política quiera aspirar. Por otro lado, los adversarios de una figura política podrían utilizar esa data para demostrar, de una manera imparcial y objetiva, el fracaso de las medidas tomadas durante su gestión. El problema es que en el Perú es imposible determinar la efectividad de una medida para mejorar la seguridad vial puesto que no existe la información necesaria para hacer una comparación objetiva del antes y el después. Por eso, se promueven iniciativas para reducir accidentes y luego nadie puede demostrar si se alcanzó el objetivo.

Para poder restar, primero hay que saber contar

Ahora, es cierto que el Consejo Nacional de Seguridad Vial (CNSV) sí recoge estadísticas de siniestros y plantea algunas soluciones para los lugares que, según ellos, presentan problemas. Sin embargo, al hacerlo, solo contemplan el número total de siniestros y la cantidad de heridos y muertos. Comparan el número de muertos en dos lugares distintos pero no toman en cuenta si el volumen del flujo vehicular es mayor o menor en cada lugar ni las distancias totales recorridas. Es decir, utilizan cifras absolutas en lugar de usar una tasa de siniestralidad que tome en cuenta distancias de viaje. Luego, el CNSV sale y dice que “Comas es el distrito en donde ocurrieron la mayor cantidad de muertes en el 2015 y por lo tanto es ahí donde deben concentrarse esfuerzos”. Pero, no detectan que hay otros distritos cuya situación es mucho peor, en donde quizás solo hubo la mitad de muertos que en Comas pero al mismo tiempo, el flujo vehicular es cien veces menor.

Es absurdo comparar así, directamente, el número de fatalidades de dos lugares distintos, háblese de dos distritos o de dos países. Por ejemplo, en el Perú mueren al año, alrededor de 3,500 personas en accidentes de tránsito, mientras que en EEUU mueren aproximadamente 30,000. ¿Eso significa que EEUU está peor que el Perú en seguridad vial? Es claro que no.

Para hacer una comparación correcta, debe tomarse en cuenta las distancias recorridas. En el Perú se recorren en total 30 mil millones de kilómetros al año aproximadamente, mientras que en EEUU se recorren 5 billones de kilómetros (5 millones de millones). Entonces, comparando tasas de muertes sobre distancia, en el Perú ocurre una muerte cada 8.5 millones de kilómetros recorridos, mientras que en EEUU ocurre una muerte cada 166 millones de kilómetros. Es decir, en las vías del Perú ocurren 20 veces más muertes que en EEUU.

En conclusión: En el Perú no estamos en condiciones de desperdiciar tiempo y dinero en campañas y medidas donde no se necesitan, o que no funcionan. Si queremos ser más eficaces en la aplicación de esfuerzos e inversión de dinero, es necesario que el estado, a través de una entidad especializada, empiece a recolectar buena data para poder llevar a cabo un real monitoreo de la seguridad vial en el país. Aquel político que lleve a cabo esa iniciativa y que proponga soluciones cuyos resultados sean fácilmente verificables con esa data, podrá atribuirse (indiscutiblemente) el haberle salvado la vida y evitado profundo dolor a miles de peruanos y peruanas, año tras año. ¿Quién se atreve?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s